Una buena gestión fiscal no consiste únicamente en presentar impuestos dentro de plazo. También exige revisar si las deducciones están bien aplicadas, anticipar el efecto de ciertas decisiones y detectar diferencias antes de que terminen dando problemas.
En Gestinser prestamos asesoría fiscal en Pozuelo de Alarcón a empresas, autónomos, profesionales y particulares desde nuestra sede en Las Rozas. El equipo reúne especialistas de las áreas fiscal, mercantil, laboral, jurídica y administrativa, algo que viene bien cuando una misma decisión toca varios frentes. Y en fiscalidad pasa más de lo que parece.
Nos ocupamos de las obligaciones fiscales periódicas, desde IVA, IRPF e Impuesto sobre Sociedades hasta retenciones, declaraciones informativas y obligaciones anuales. Ahora bien, el trabajo cambia bastante según la actividad, la estructura del negocio y las operaciones que realiza cada cliente.
Hay decisiones que merece la pena revisar antes de ejecutarlas: una inversión, la retribución de un administrador, la constitución de una sociedad o el reparto de dividendos. En estos casos no miramos solo cuánto puede reducirse la carga fiscal. Una compra innecesaria sigue siendo una mala decisión aunque reduzca el impuesto. Parece obvio, pero en los cierres fiscales conviene recordarlo.
Aplicar automáticamente el mismo criterio en impuestos distintos puede acabar mal. Lo hemos visto, por ejemplo, con vehículos utilizados en la actividad: que determinados gastos puedan deducirse parcialmente en IVA no significa que ese porcentaje pueda trasladarse sin más al IRPF.
Algo parecido sucede con los profesionales que trabajan desde casa. Los suministros y los gastos vinculados a la vivienda no siguen exactamente las mismas reglas. Revisarlos por separado permite corregir deducciones excesivas, sí, pero también localizar gastos legítimos que se estaban dejando fuera.
Por eso analizamos la naturaleza del gasto, su uso real y las pruebas disponibles antes de decidir cómo debe tratarse fiscalmente. No damos por bueno un porcentaje simplemente porque lleve años aplicándose.
Trabajamos también con herencias, donaciones, transmisiones de inmuebles y operaciones societarias que pueden tener consecuencias tributarias relevantes.
En las sociedades, la coherencia documental pesa mucho. Estatutos, acuerdos, pagos, nóminas, retenciones y contabilidad deben reflejar la misma realidad. Hemos trabajado casos en los que la remuneración del administrador estaba pagada y respondía a un trabajo real, pero su regulación societaria no se había preparado correctamente. Y defender después algo que en origen quedó mal documentado siempre cuesta más.
El paso de autónomo a sociedad tampoco debería decidirse por una cifra de facturación aislada. Hay que estudiar cómo se genera el ingreso, qué medios tiene el negocio, qué funciones desarrolla el socio y cómo retirará después el dinero. El tipo impositivo, por sí solo, cuenta una parte bastante pequeña de la historia.
Diferencias entre modelos trimestrales y anuales, ventas que no coinciden con el IVA declarado, saldos antiguos de retenciones o movimientos bancarios sin una factura identificada son señales que merece la pena revisar antes de presentar el siguiente impuesto.
En uno de los casos trabajados encontramos ventas contabilizadas que no se habían incluido correctamente en una declaración periódica. La comparación entre contabilidad, bancos, libros fiscales y modelos presentados permitió localizar el origen y corregirlo antes de recibir un requerimiento.
La revisión puede funcionar en las dos direcciones: detectar errores o localizar deducciones que no se estaban aprovechando. Si estás pensando en cambiar de asesoría fiscal, revisar primero la situación de partida evita continuar arrastrando criterios o descuadres simplemente porque “siempre se hizo así”.


Al incorporar un nuevo cliente preferimos comprobar qué se ha venido declarando y con qué criterio antes de continuar. Puede parecer una precaución básica, pero evita heredar errores que después se repiten trimestre tras trimestre casi por inercia.
Comparamos la información que debería coincidir: facturación, movimientos bancarios, libros de IVA, retenciones, contabilidad y declaraciones tributarias. Si aparece una diferencia, buscamos su origen antes de trasladarla al siguiente periodo.
Este análisis cobra especial importancia antes del cierre del ejercicio. Inversiones previstas, bases negativas, remuneraciones o dividendos pueden estudiarse con tiempo, en lugar de empezar a buscar soluciones cuando diciembre está prácticamente terminado.
Una factura formalmente correcta no demuestra siempre por sí sola que un gasto sea deducible. En determinadas comprobaciones puede ser necesario acreditar qué se contrató, quién realizó el trabajo, cómo se pagó y qué relación tenía con la actividad.
Contratos, correos, presupuestos, justificantes bancarios o entregables pueden resultar decisivos. Y aquí el tiempo juega en contra: cuanto más tarda uno en reconstruir una operación, más fácil es que falten correos, documentos o alguien que recuerde exactamente qué ocurrió.
Ante una notificación, lo primero es determinar qué está comprobando exactamente la Agencia Tributaria: impuesto, ejercicio, operaciones afectadas y documentación solicitada.
La tentación de enviar todo “por si acaso” es bastante habitual. No suele ser la mejor idea. En un caso trabajado por el equipo, una empresa estaba preparada para remitir su contabilidad, extractos y correos completos por unas facturas cuestionadas. Antes de contestar, se reconstruyó cada operación con la documentación que realmente permitía justificarla.
Revisamos primero el requerimiento y después buscamos las pruebas relacionadas con cada cuestión discutida. Una factura con un concepto genérico puede necesitar el apoyo de un contrato, un justificante de pago o documentación que acredite el trabajo realizado.
La respuesta se centra en aquello que Hacienda está comprobando. Dicho de otro modo: la trazabilidad de cada operación pesa más que acumular documentación que no explica nada.
No todos los requerimientos terminan con la misma recomendación. Puede existir un error que convenga corregir o, por el contrario, documentación suficiente para defender el tratamiento fiscal aplicado.
La decisión se toma después de revisar el criterio seguido, las pruebas disponibles y el momento en que se detectó la incidencia. Regularizar antes de recibir una notificación tampoco tiene las mismas consecuencias que hacerlo con un procedimiento ya iniciado. Aquí, el momento importa

El presupuesto varía según las obligaciones fiscales, el volumen de documentación y el trabajo necesario. La gestión periódica de impuestos no requiere lo mismo que reconstruir varios ejercicios o preparar una respuesta a un requerimiento.
Antes de empezar revisamos brevemente la situación. Para un cambio de asesoría suelen ser suficientes las últimas declaraciones y los datos básicos de la actividad; ante una incidencia concreta, basta inicialmente con enviarnos la notificación y explicar qué ha ocurrido.
Gestinser atiende a clientes de Pozuelo de Alarcón desde su oficina de Las Rozas y buena parte de la documentación puede intercambiarse a distancia.
Sí. Antes de continuar conviene revisar lo presentado hasta ese momento y comprobar que los saldos, la contabilidad y las declaraciones sean coherentes.
Sí. Una revisión puede detectar errores, deducciones mal aplicadas o gastos legítimos que no se habían tenido en cuenta.
En primer lugar, la notificación completa. Después de revisarla se determina qué documentación adicional hace falta para responder.
No. También trabajamos con particulares en herencias, donaciones, patrimonio y otras operaciones con consecuencias tributarias.
Si necesitas cambiar de asesor, revisar cómo se están gestionando tus impuestos o responder a una notificación de Hacienda, puedes contactar con Gestinser y explicarnos brevemente la situación. Revisaremos la documentación inicial y te indicaremos qué trabajo habría que realizar y qué presupuesto corresponde.